Hablemos de un alguien...

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Hablemos de un alguien...

Mensaje por Delossks el Mar 24 Mar 2015, 17:39

Hablemos de un alguien...
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Planteemos un alguien, desmontémoslo y volvamos a ensamblar cada pieza; seccionemos brazos, piernas, músculos, huesos… y removamos entre las vísceras para tratar de sacar algo en claro de un pantano, el de la vida; en el que, cuanto más intentas ser libre, más te atrapas. Qué somos… ¿Acaso se puede saber para qué estamos aquí? Nada de eso, introspeccionar no le sirve a uno sino para hundirse más de lo que ya está. Véase a los no muertos caminar hacia el desdén causado por la ambición frustrada, la codicia, la soberbia, y en definitiva… las corruptelas de la existencia.

Estos eran los pensamientos de ese alguien abatido, afligido y desganado, con mil golpes recibidos. Le dolía tener que pensar en levantarse para continuar un presente que ya no tenía ni pies ni cabeza. ¿Cómo llegó a frustrarse? Diréis… eso mismo le pregunté un día, queriendo ver si había pensado algo al respecto; pero que se arreglase él mismo era muy difícil.

-Me he deformado tanto en estos dos años, que ni me reconozco al mirarme al espejo- recitaba cabizbajo.

En ese momento le pedí que se volviese a echar un vistazo, su mirada mostraba signos de frialdad, tenía unos rasgos demacrados y su figura era un tanto escuchimizada. Una maraña tenía por pelo, por barba, ni te cuento… Era bien cierto que estaba hecho polvo.

-Dime... ¿Qué ves en ese espejo?- le pregunté

-Por fuera parezco un sin orden, por dentro, lo soy completamente- suspiró desganado como quien… ah no, él era el ejemplo.

Aquejado y fatigado como él solo, ni siquiera se dignó a explicarme la metáfora por completo, el dolor se encontraba bien profundo, en un lugar apartado por completo de lo mundano, pues lo sufrió en silencio durante bastante tiempo; sin embargo, su derredor comenzó a jugarle malas pasadas hace unos meses.

-Y es que cada vez que me disponía a subir una pared escarpada, a mitad del camino una roca se desprendía, haciéndome caer al precipicio. Volví a coger fuerzas para subir más alto, y ahí estaba de nuevo un fragmento resquebrajado, que me hizo precipitarme desde una altura mucho mayor, haciendo que el impacto fuese aún más doloroso. Por eso te digo, que me es imposible seguir, ya estoy harto de esta constante pérdida de ir contrarreloj por un despeñadero, porque eso es lo que me pasa, me despeño cada vez que subo, y vuelvo a hacerlo sufriendo aún más si tengo la osadía de querer llegar más alto para compensar la caída anterior.

-¿Y qué pretendes achacando las caídas a un círculo vicioso?

-No, ya no pretendo nada, puesto que tal y como estoy me es imposible hacer progreso alguno cambiaré un detalle muy importante, esta vez pienso regenerarme al más puro estilo bohemio, con un vuelo.

El alguien estaba en una fase crítica, en la que, de que lo hubiesen vuelto a golpear significaría que todo iba a acabar, una completa renuncia por todo lo que es la vida; de no ser, porque aún persistían atisbos de esperanza en las vivencias del pasado, recuerdos que añoramos a veces sin tan siquiera haber prestado importancia a cuando fueron un presente; aunque en otras ocasiones, pudimos haberlos asimilado de tal manera que borrarlos sería una locura. Él estaba aferrado a esos momentos que pasó rodeado de sosiego y afecto sin igual.

-¡Oye! –Proferí rápidamente- ¿qué es eso de que no se puede llegar a hacer lo que uno quiere por un simple impedimento?

-Lo que oyes, no es un obstáculo cualquiera, noto como que el mundo se me viene encima, y a veces, a uno ya se le quitan las ganas de luchar…-continuó hablando casi sin pausa.

-Eso es imposible, nos pasamos toda la vida luchando por el mañana, si uno no apuesta, sí que es verdad que no queda nada y se le resta sentido al día a día.

-Por eso mismo te digo; hace ya tanto tiempo que perdí el porqué de mis actos, que cada cierto momento, me vuelvo a encontrar en la misma encrucijada. Parece que nunca voy a conseguir salir de este laberinto…

-Vuelve a mirarte al espejo.

-Sigo estando hecho una pena.

-No, ahora quiero que te mires y trates de buscar al yo que tú crees que eres.

-Soy uno destrozado, al igual que el Capitán Alegría, soy un rendido.

-¡Maldita sea! Ese no eres tú, es en lo que te ha convertido toda esta mierda de la avaricia y la soberbia. ¿Ese es el yo que de verdad eres?

-Es inútil, déjalo…

-¡Grítale al espejo si hace falta, grítate a ti mismo!

-Tengo la garganta ronca de tanto dolerme de mis heridas, de dolerme la vida…

-¡¡¡ESE NO ERES TU!!! ¡Te lo estoy diciendo, mírate y cree en ti mismo!

La cara de aquel alguien cambió como de la noche a la mañana, al principio se quedó impactado por todo lo que comencé a exclamar y gritar a los cuatro vientos, aunque al final terminó por convencerse de lo que estaba diciendo.

-¡Escúchame, no te precipites al pensar que ya nada vale la pena! Apuesto a que aún hay algo que deseas recuperar con todas tus fuerzas, nadie dijo que subir tu montaña fuese un camino de rosas, pero nadie más puede hacerlo por ti, eso que tanto añoras es tuyo y sólo tuyo. ¡Pues arriba con ello! Y que no pasen los fantasmas que te aparten del camino, échalos al pozo del que vas a salir, no, del que ya estás saliendo ahora mismo. Tú construyes tu mundo, así que los cimientos no pueden ser el cenagal de lo perdido; tu adornas cada momento con tu mejor actitud frente a la vida, por lo que nada de caras largas, y ni se te ocurra hacerle ascos a tus propias obras; la voluntad de poder hará que subas al tejado de este nuevo hogar, que admires todo a tu alrededor e inspires el aire más puro de las alturas, las escaleras son las que te harán ascender, no tomes rumbo hacia el sótano.

Y así, todo lo que se pone en tu frente, podrás mandarlo a paseo; si los de la vida te dan de hostias, pues responde con una a mano abierta ¿O es que se van a reír de ti o a menospreciarte? ¡NUNCA! Tú llevas la iniciativa mientras que vayas a tomar el camino correcto, por lo cual debes juzgar con certeza todo lo que vas a hacer. Adelante, sigue adelante, y al igual que en la guerra de las galaxias, que la fuerza te acompañe.

Ahora fui yo quien se miró al espejo tras haber dicho todo esto, y me sentí muy bien conmigo mismo. Igual que un árbol que sigue creciendo en una tierra completamente árida, de la misma manera que una hierba se levanta tras haber sido pisada una y otra vez, las ganas de vivir también retornan después de la tormenta, “son mil golpes recibidos, todavía sigo en pie”

Vicente Buitrago Serrano
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